Crítica de "La Ballena"

Pues este sábado pude ver en el cine, gracias de nuevo a Yelmo Ocimax Gijón por su invitación, la película “La Ballena” de Darren Aronofski, cinta que tenía muchas ganas de ver y que está en mi listado de títulos para visionar en cine este 2023. Debo decir que la película es magnífica, me ha encantado y creo que es una de esas de las de obligado visionado porque trabaja de forma muy correcta y elegante un tema muy duro y difícil, un asunto en el que es muy fácil caer en tópicos y en recursos que lleguen al espectador de una forma facilona para tocar el corazón de manera simplista. Esto no sucede con el planteamiento que nos propone el director, aquí la historia desarrolla a muy pocos personajes en torno a un único escenario, que es la casa del destruido física y mentalmente protagonista, de forma que consigue hacerte sentir por un lado pena pero por otro cierto sentimiento de decir “todos tienen mucha oscuridad en su interior”.


Es una película terriblemente psicológica, juega constantemente a manipular al espectador con una brillantez asombrosa, ya que el acertado empleo de planos secuencia, que recuerda por momentos a una obra de teatro, sumado a la impresionante y talentosísima interpretación de Brendan Fraser, hace que justo cuando más comienzas a empatizar con el protagonista y comienzas a sentir autentica pena por él, aparece alguno de los otros personajes para darnos a conocer un poquito más de toda la historia que se esconde tras los sucesos que han llevado a Charlie (así se llama el personaje de Brendan Fraser) a ese estado de dejadez absoluta y nos hace comprender que no son pocos los errores cometidos por él y el daño causado a terceros.

Todas las interpretaciones del resto de personajes, que se cuentan con los dedos de una mano, están a la altura de Brendan y son los que de verdad desgranan y hacen comprender al espectador la autentica historia detrás de la cinta. Un metraje cercano a las dos horas en las que sin necesidad de recrearse en la terrible enfermedad que es la obesidad mórbida y evitando caer en estereotipos, realiza una durísima crítica de manera sutil pero poderosa hacia el poder de la religión, la cultura y sistema sanitario estadounidense, las consecuencias de la depresión y los problemas mentales, la forma de comportarse de la sociedad en según que casos y la hipocresía generalizada alrededor de un estilo de vida, el americano, que deja abandonado de alguna manera a una persona que tristemente es una de miles de cientos de ciudadanos con problemas similares.

Brendan Fraser regresa de un letargo de años por la puerta grande, con un papel merecedor de un Oscar, que llega al corazón y con una comparsa de personajes que le hacen justicia interpretativa. Diálogos sobrecogedores, secuencias durísimas, pero absolutamente propias de la situación y un juego de cámara precioso que acompaña al deterioro mental y físico del protagonista en todo momento; esto es que nada en el escenario de la casa está puesto al azar, todos los planos tienen un mensaje oculto que deja ver el estado en que se encuentra el personaje. Vemos las sombras de las personas que pasan a través de unas ventanas con las persianas completamente bajadas, vemos como cuando ciertos personajes llegan y se les abre la puerta esta lloviendo y otros hace buen tiempo, hay muchísimo simbolismo en como se va “abandonando” la casa conforme pasa el tiempo y como hay un espacio en la misma, una habitación que se conserva perfecta y a la cual en ningún momento el personaje es capaz de entrar, nadie entra en esa habitación salvo uno que además recoge un libro con un mensaje marcado que cierra argumentalmente el autentico trauma que lleva Charlie a su estado, un estado entre las ganas de morirse pero de aguantar lo suficiente como para dejar resuelto lo único que él considera que ha hecho bien en su vida, a su hija.

Película de redención, película de crítica social, película durísima con interpretaciones magníficas, película que te hace reflexionar y sobre película muy bien llevada por el director para no caer en la lastima, tampoco en la pena, pero tampoco en el odio ni en juzgar, simplemente nos narra una historia dramática que podría haber acabado con un final simplón que haga llorar al espectador, ese recurso fácil de acceder a lo más profundo de los sentimientos, y que sin embargo concluye con una elegancia absolutamente brillante y coherente con todo el halo religioso que prevalece durante todo el metraje.

Y no, no se llama “La Ballena” porque el protagonista sea un obeso, es necesario que visionéis la cinta, que estéis muy atentos a los diálogos y de este modo comprenderéis la inteligencia de ponerle este nombre a la película. 

Nota: 9.5/10